La sangre corre en todo lugar, me cubre de la cabeza a los pies. Sangre santa y pura derramada sobre mi ser, lo más íntimo de mi espíritu tiembla al sentir el poder y la presencia Del Altísimo. Un ser santo y sin defecto levantado en una cruz por el bien de generaciones innumerables. Pero al Señor le pareció bien quebrantar lo. El hijo del hombre no vino en algún tiempo como este en cual la muerte significa una simple inyección, el vino en un tiempo en cual la muerte fue brutal y sangrienta. Una muerte prolongada y dolorosa, que al contemplar la se me paran los pelos y mi alma se angustia. La ingenuidad del hombre para ser maldad es grandiosa, pero mas allá es la ingenuidad de El Dios Omnipotente de eternidad. Cuan grande es su misericordia, al saber que aun siendo pecadores Cristo murió por nosotros, no hay fin a su amor. Reconociendo la maldad de cual soy capaz, y pensando que en pleno pecado Cristo fue clavado a un tronco por mi, me sumerge en una tristeza aleccionadora. Como es posible que un ser puro y santo muera en mi lugar, yo siendo un pecador culpable. Pero así es el plan de Dios para lavar nos de nuestras injusticias. Al pensar en el poder milagroso del Señor que levanto a Jesus de Nazaret del lugar de los muertos mi tristeza se convierte en gozo y asombro. Al pensar en el poder de Dios manifestado en ese día escalofríos corren por me espina. Al pensar en el tierno plan de salvación que Dios a desarrollado por la humanidad mi corazón se llena de paz y se ablanda y derrite como la cera debajo una llama. Que Dios tan magnifico, soportó latigazos, humillación, vergüenza y deshonra para en fin salir magnificado y glorificado. Amado Dios, sea por siempre honrado y magnificado por tu amor y tu bondad hacia la humanidad. El Dios que nos ve con lentes de piedad y misericordia, que nos cubre con su manto de paz y protección. Regocíjate pueblo de Dios, porque el Dios creador que con su simple espire creo todo que se ve y no se ve en el universo, nos ha llamado hijos! Regocíjate porque ese mismo Dios vino a La Tierra vestido en carne humana y se presento como la ultima ofrenda de sangre que la humildad hará. Regocíjate pueblo de Dios porque tres días después el resucito de la muerte por siempre desatando la humanidad de la plaga de la muerte.
«¡Haré memoria de la gran misericordia del Señor! ¡Evocaré sus alabanzas por todo lo que él ha hecho por nosotros! ¡Por su gran bondad hacia la casa de Israel! ¡Por haber tenido compasión de nosotros, conforme a su gran misericordia! Porque él dijo: «Ellos son mi pueblo. Son mis hijos, y no saben mentir.» Y se convirtió en su salvador. Si ellos se angustiaban, también él se angustiaba; su ángel mismo acudió a salvarlos. Por su amor y su clemencia les dio libertad; los puso en pie y los llevó en sus brazos, como lo hizo siempre en el pasado.»
Isaías 63:7-9 RVC